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LA GESTIÓN EMOCIONAL DE MAMÁ

Acepta cuando tienes un mal día, avisa y pide perdón.

¿ Habéis visto en alguna ocasión, en la cara de vuestros hijos e hijas una expresión que venía a decir algo así como… “y a esta que le pasa”? Yo a mi hija si, y eso ha hecho que cambie toda la forma de intentar gestionar nuestras emociones, pero sobre todo, las mías.

Como sabéis, hace algo más de un año me separé, y he de decir que este año no ha sido nada fácil. Todos los problemas personales que acarrean un momento así y otros que derivan de ello, afectaron a mi estado de ánimo y mis emociones. Me sentía, cómo es obvio, triste, furiosa y sin fuerzas.

Cada día me he hecho más consciente de que yo como adulta, tengo mis problemas y mis preocupaciones, ajenos en ocasiones (o en la mayoría) a la maternidad. E incluso también mis propios días de no soportarme ni yo, aún sin tener alguna preocupación en particular.

En esos días, me he visto contestando mal a mi hija, teniendo poca paciencia o regañándole por cosas absurdas y he visto en ella una expresión de incomprensión e injusticia que provoca que salten en mi todas las alarmas.

Antes, la presión por hacerlo todo perfecto me sobrepasaba y no me permitía sentirme mal ni mucho menos mostrarlo. Eso no solo me pasó factura sino que agravó mi mala gestión emocional haciendo a veces la relación entre mi hija y yo casi insostenible. Pasábamos el día discutiendo, e incluso sentía estar absolutamente desconectada emocionalmente de ella. Y eso para mí, era terrible.

Puse punto y final a esa etapa de golpe ,tan sólo, aprendiendo a gestionar mis emociones, haciendo algo tan sencillo como ; aceptarlas.

Durante este año he cambiado esa forma de sentir y de mostrarme y me aporta tranquilidad a mí, y creo que a mi hija también.

Ahora me permito estar mal, y me permito exigir mi tiempo, pero siempre aviso de cómo me siento y de lo que necesito. Le explico a mi hija que tengo un mal día, que no me encuentro bien, o que tengo un problema por solucionar que me angustia y me hace sentir mal. Le pido perdón de antemano pero también le hago entender que a veces las personas no nos encontramos de la forma en que otros quieren que estemos. Quizás ella quiere jugar pero necesito que respete mi tiempo sino me apetece. Le pido un tiempo para encontrarme más tranquila y poder continuar después. Tenemos derecho a sentirnos irritados, enfadados, con ira, tristes, con ganas de llorar o con la necesidad de estar solos. Suelo pedirle paciencia y comprensión y le indico que mi estado de ánimo no cambia el amor por ella, sino que simplemente necesito calmar esas emociones. Pido perdón de antemano si quizás reacciono de una forma injusta con ella, y le prometo que intentaré que no sea así, pero también tengo derecho a no saber gestionarme siempre a la perfección.

Incluso, en ocasiones, le he pedido ayuda. Sí, tal como lo lees. Le he indicado que cuando las personas se sienten mal necesitan a veces ayuda o apoyo (en forma de palabras calmadas, abrazos, o algo similar) o que necesitan que desde el exterior nadie les agrave su estado, y si no pueden ayudar a mejorarlo, pueden retirarse y dejar a esa persona sola, nunca, empeorarlo.

Quizás suene raro, incluso egoísta pedirle esto a una niña de seis años, pero en mi experiencia, en estos años de vida como madre, es lo que mejor me está funcionando a nivel personal y familiar para con ella.

Antes escondía mis sentimientos, pero ahora permito que mi hija me vea llorar, me vea enfadada o vea que tengo un día de perros porque es justo lo que quiero para ella. Le enseño a gestionar las emociones haciéndole ver que la principal forma de hacerlo es aceptándolas, viviéndolas, sintiéndolas y dejándolas fluir. Que puede llorar, gritar y enfadarse, siempre sin herir a ninguna persona y sin arrojar su furia sobre nadie.

Por desgracia, los adultos no reconocemos que arrojamos nuestra furia personal sobre los niños sin que tengan culpa de nada. Los problemas personales, económicos, laborales o familiares son problemas de los adultos que muchas, muchas veces, pagan los niños. Es hora de que te pares a pensar cuántas veces tus hijos no tenían la culpa de tu estado emocional y sin embargo se han llevado un grito, un mal gesto o un desplante.

No hay que esconder que esto ocurre porque es un error enorme y entonces, no hay forma de corregirlo. Hay que aceptar que no siempre lo hacemos bien y que a veces la “disciplina positiva” la tiramos por el retrete.

Igual que yo he pedido y exigido mi espacio y mi derecho a tener y expresar sentimientos, he trabajado mucho con ella sobre su propia gestión emocional. Una vez recuerdo intentar contener su furia, y vi en sus ojos la sensación de estar enjaulando un huracán incontrolable. Me sentí mal, muy mal. Siempre se vio en esta sociedad a los niños llorones y “alborotadores” como malcriados y yo en ocasiones lo creí, porque a todos nos han educado a contenernos… ¡qué gran error y qué montón de daño nos ha hecho eso! Ahora le permito llorar, gritar y enfadarse pero intento inculcarle que no se vierte la furia sobre los demás ni se hiere a nadie por el camino, o como mínimo se intenta. Qué mejor ejemplo de ello que vea que cuando yo me encuentro así, ella no lo paga.

Es injusto que sufran los problemas de los adultos y de esta sociedad injusta. Está muy de moda enseñar a tus hijos como reconocer y gestionar sus emociones pero como adultas y sobre todo como mujeres nosotras no hemos recibido esa educación y por tanto pregúntate ¿ reconoces tus emociones y las gestionas o las escondes e intentas ocultarlas?

— Si tienes que llorar delante de tus hijos, llora.

— Si tienes que pedir 15 minutos a solas en tu habitación, pídelos.

— Si tienes que darte una ducha para relajarte, dátela.

— Si tienes un día en el que no te soportas ni tú, y sabes que eso está ocurriendo avisa de que no te sientes bien. (Igual te sorprendes de la comprensión de los más pequeños y de lo bien que te tratan)

— Si te comportas injustamente con algún miembro de tu familia, sé humilde, reconócelo y pide perdón. Con más razón si son tus hijos.

— Si sientes que hay algo que mejorará tu estado, cualquier cosa…hazlo.

Vamos a dejar de ser las esclavas de la perfección, de la auto exigencia y de la culpa. Nos lo merecemos.

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